jueves, 29 de diciembre de 2011

CUATRO CUARTETOS, de T.S.ELIOT (poema III)


III
Tinieblas y más tinieblas. Sumérgense
todos en las tinieblas, en los vacuos
espacios interastrales, vacío
al vacío, capitanes, banqueros,
hombres de letras eminentes,
gobernantes y estadistas, magnánimos
protectores de las artes, ilustres
funcionarios, presidentes de muchos
comités, magnates de la industria
y pequeños contratistas, todos se sumergen
en las tinieblas, el Sol y la Luna,
oscuros y oscuro el Almanaque Gotha
y la Gaceta de la Bolsa,
y la Guía de Directivos,
frío el sentido y perdido el móvil de la acción.
Y todos les seguimos al callado
funeral, funeral que no es de nadie,
pues no hay nadie a quien enterrar.
Le dije a mi alma, quédate quieta,
deja que te anegue la oscuridad
porque será la oscuridad de Dios.
para cambiar la escena con vacío,
rumor de bastidores, movimiento
de los oscuro en lo oscuro, y sabemos
que se llevan enrollados el árbol
y la colina, el paisaje lejano
y la imponente fachada; como en el Metro,
cuando se detiene el tren demasiado,
tiempo entre estaciones y animase
la conversación para poco a poco
hacerse el silencio y en cada rostro
ves ahondarse el vacío de la mente
que deja sólo el creciente terror
a no tener en qué pensar; o cuando
bajo los efectos de la anestesia
sigue uno consciente, pero consciente
de la nada… Le dije a mi alma, quédate
quieta y espera sin expectativas,
pues tenerlas supondría esperar
erradamente; espera sin amor,
pues sería amor a cosa equivocada;
hay todavía fe, pero la fe
y el amor y la esperanza consisten
en esperar. Espera sin pensar,
pues no estás aún preparada
para el pensamiento: la oscuridad
será, así, la luz y la quietud de la danza.

domingo, 18 de diciembre de 2011

POEMA DE "LA MUJER Y YO" de MIGUEL OSCAR MENASSA


Ser viejo como ser rico, le dije,
es una propuesta de la mente.
Y ella contenta me preguntó:
¿Acaso no habremos de morir
si escribimos y hablamos?
También ha de morir el hombre
que al escribir rompe los bordes del abismo
y algo habrá de enfermar el hombre que, al hablar,
pretenda entregarse a las palabras, ser de la voz
pero enfermar y morir para ese hombre
serán, también, sólo palabras.
Después estaba todo el día con hombres y mujeres
pero no eran amantes, eran misterios,
dramas insondables dominados por el odio,
la envidia, el menosprecio o, bien, el desamor.
Están cerca de mí pero dar el próximo paso
los sume en el delirio del amor, los agota.
Y después están los hombres las mujeres
que no necesitan de mí ni el pan ni la caricia
están ahí sólo para entorpecer los caminos
del poema, del pensamiento, la distancia
y en esas cosas del amor prefieren no saber
que el polvo aquél no era un regalo a nadie,
el polvo al que se vio obligado era su deseo.
¿Y tú qué opinas? le dije por decir, y
ella me dijo toda la verdad:
Cuando estoy supuestamente enamorada,
él piensa enseguida que le pertenezco
y cuando estoy como cansada por la vida,
por el mundo absurdo que nos hacen vivir
él enseguida piensa que yo no le amo.
Y, después, es todavía más ridículo:
cuando yo le sonrío, olvidada del mundo,
él enseguida cree que me ha ganado en algo.
No es que sea fanfarrón, es un ignorante,
nada sabe de mí, ni del tiempo, ni de la mujer.
Cuando lo abandone llorará como un niño,
pedirá perdón, querrá lavar los platos
pero ya será tarde, el mundo no perdona.
Entonces, pobre hombre, será mujer y niño
al mismo tiempo que hombre y nadie lo amará.
Como hombre nadie lo amará
porque su hombre ha renunciado a serlo.
Y tal cual una mujer nadie la amará
por no diferenciar lo grande de lo bueno
y como niño, el pobre, hará cosas de niño
pero será un hombre que sufrirá por serlo.
Inadecuado el canto. Débil la voz.

lunes, 14 de noviembre de 2011

BESOS de GABRIELA MISTRAL


Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.


¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenaron sé de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.

Yo te enseñe a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

LA UNIÓN LIBRE de André Bretón


Mi mujer de cabellera de fuego de madera
De pensamientos de relámpagos de calor
De cintura de reloj de arena
Mi mujer de cintura de nutria entre los dientes del tigre
Mi mujer de boca de escarapela y de ramo de estrellas de última magnitud
De dientes de huellas de ratón blanco sobre la tierra blanca
De lengua de ámbar y de vidrio frotados
Mi mujer de lengua de hostia apuñalada
De lengua de muñeca que cierra y abre los ojos
De lengua de piedra increíble
Mi mujer de pestañas de palotes de escritura infantil
De cejas de borde de nido de golondrina
Mi mujer de sienes de pizarra de techo de invernadero
Y de vaho en los vidrios
Mi mujer de hombros de champaña
Y de fuente con cabezas de delfines bajo el hielo
Mi mujer de muñecas de cerillos
Mi mujer de dedos de azar y de as de corazones
De dedos de heno cortado
Mi mujer de axilas de marta y de hayucos
De noche de San Juan
De ligustro y de nido de escalares
De brazos de espuma de mar y de esclusa
Y de mezcla del trigo y del molino
Mi mujer de piernas de cohete
De movimientos de relojería y de desesperación
Mi mujer de pantorrillas de médula de saúco
Mi mujer de pies de iniciales
De pies de llaveros de pies de calafanes que beben
Mi mujer de cuello de cebada no perlada
Mi mujer de garganta de Valle de oro
De cita en el lecho mismo del torrente
De pechos de noche
Mi mujer de pechos de topera marina
Mi mujer de pechos de crisol de rubíes
De pechos de espectro de la rosa bajo el rocío
Mi mujer de vientre de despliegue de abanico de los días
De vientre de garra gigante
Mi mujer de espalda de pájaro que huye vertical
De espalda de azogue
De espalda de luz
De nuca de canto rodado y de tiza mojada
Y de caída de un vaso en el que acaba de beberse
Mi mujer de caderas de barquilla
De caderas de lustro y de penas de flecha
Y de tronco de plumas de pavo real blanco
De balanza insensible
Mi mujer de nalgas de asperón y de amianto
Mi mujer de nalgas de espalda de cisne
Mi mujer de nalgas de primavera
De sexo gladiolo
Mi mujer de sexo de yacimiento de oro y de ornitorrinco
Mi mujer de sexo de alga y de bombones antiguos
Mi mujer de sexo de espejo
Mi mujer de ojos llenos de lágrimas
De ojos de panoplia violeta y de aguja imantada
Mi mujer de ojos de sabana
Mi mujer de ojos de agua para beber en la cárcel
Mi mujer de ojos de madera siempre bajo el hacha
De ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego.

domingo, 30 de octubre de 2011

ALTAZOR (canto II) de Vicente Huidobro


Mujer el mundo está amueblado por tus ojos
Se hace más alto el cielo en tu presencia
La tierra se prolonga de rosa en rosa
Y el aire se prolonga de paloma en paloma
Al irte dejas una estrella en tu sitio
Dejas caer tus luces como el barco que pasa
Mientras te sigue mi canto embrujado
Como una serpiente fiel y melancólica
Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro
¿Qué combate se libra en el espacio?
Esas lanzas de luz entre planetas
Reflejo de armaduras despiadadas
¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?
En dónde estás triste noctámbula
Dadora de infinito
Que pasea en el bosque de los sueños
Heme aquí perdido entre mares desiertos
Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche
Heme aquí en una torre de frío
Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos
Del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera
Luminosa y desatada como los ríos de montaña
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
Te pregunto otra vez
El arco de tus cejas tendido para las armas de los ojos
En la ofensiva alada vencedora segura con orgullos de flor
Te hablan por mí las piedras aporreadas
Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo
Te habla por mí el color de los paisajes sin viento
Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas
Dormido en tu memoria
Te habla por mí el arroyo descubierto
La yerba sobreviviente atada a la aventura
Aventura de luz y sangre de horizonte
Sin más abrigo que una flor que se apaga
Si hay un poco de viento
Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil
Se pierde el mundo bajo tu andar visible
Pues todo es artificio cuando tú te presentas
Con tu luz peligrosa
Inocente armonía sin fatiga ni olvido
Elemento de lágrima que rueda hacia adentro
Construido de miedo altivo y de silencio
Haces dudar al tiempo
Y al cielo con instintos de infinito
Lejos de ti todo es mortal
Lanzas la agonía por la tierra humillada de noches
Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad
He aquí tu estrella que pasa
Con tu respiración de fatigas lejanas
Con tus gestos y tu modo de andar
Con el espacio magnetizado que te saluda
Que nos separa con leguas de noche
Sin embargo te advierto que estamos cosidos
A la misma estrella
Estamos cosidos por la misma música tendida
De uno a otro
Por la misma sombra gigante agitada como árbol
Seamos ese pedazo de cielo
Ese trozo en que pasa la aventura misteriosa
La aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño
En vano tratarías de evadirte de mi voz
Y de saltar los muros de mis alabanzas
Estamos cosidos por la misma estrella
Estás atada al ruiseñor de las lunas
Que tiene un ritual sagrado en la garganta
Qué me importan los signos de la noche
Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho
Qué me importa el enigma luminoso
Los emblemas que alumbran el azar
Y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos
Qué me importa ese miedo de flor en el vacío
Qué me importa el nombre de la nada
El nombre del desierto infinito
O de la voluntad o del azar que representan
Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de oasis
O banderas de presagio y de muerte
Y ese beso que hincha la proa de tus labios
Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu vida
Y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho
Dormido a la sombra de tus senos
Si tú murieras
Las estrellas a pesar de su lámpara encendida
Perderían el camino
¿Qué sería del universo?

lunes, 10 de octubre de 2011

EN ESTA NOCHE, EN ESTE MUNDO de Alejandra Pizarnik


En esta noche en este mundo
las palabras del sueño de la infancia de la muerta
nunca es eso lo que uno quiere decir
la lengua natal castra
la lengua es un órgano de conocimiento
del fracaso de todo poema
castrado por su propia lengua
que es el órgano de la re-creación
del re-conocimiento
pero no el de la re-surrección
de algo a modo de negación
de mi horizonte de maldoror con su perro
y nada es promesa
entre lo decible
que equivale a mentir
(todo lo que se puede decir es mentira)
el resto es silencio
sólo que el silencio no existe

No
las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia
si digo agua ¿beberé?
si digo pan ¿comeré?
en esta noche en este mundo
extraordinario silencio el de esta noche
lo que pasa con el alma es que no se ve
lo que pasa con la mente es que no se ve
lo que pasa con el espíritu es que no se ve

¿De dónde viene esta conspiración de invisibilidades?
ninguna palabra es visible

domingo, 2 de octubre de 2011

PARA BUSCAR MI INFANCIA


Arranco pedazos del cielo de mi boca
los envuelvo en algodones oscuros de lluvia
truenos despedazan el presente
sumen mis dedos en la humedad de la tormenta

Los pliegues de mi piel mojada
avanzan como surcos embistiendo el talle
de mi cuerpo desnudo

Las hebras de mi pelo esbozan sonrisas
y en la curvilínea espera
mecen fieras dormidas
tratando de menguar las tardes
de esos juegos enfebrecidos.

Gimen calles desiertas
colmadas de un silencio tardío
quebrado por el estrepitar de unos ojos
desechos de entre las ropas de un vagabundo

¡Caen!¡caen!
Caen como cristales de pupilas dilatadas
curiosas en una oscuridad de cuevas enmohecidas
se clavan en mis pies descalzos
y trepan por mi carne trémula
sonrojando un adiós.

Laura López

domingo, 18 de septiembre de 2011

“Cuando el tiempo de reclame”.


Cuando el tiempo me reclame,
en su nube altiva,
le diré que no.
Cuando mi amor se agote,
sin esperanza de recuperarlo,
buscaré tu regazo.
Siempre que llore por mi,
y no salgan lágrimas,
llamaré al mar.
Si no puedo recordarte,
no viviré más,
y andaré muerto por los pasillos.
En invierno inventaré el Sol.
con frío y viento negro,
la paz se abrirá paso,
cada vez más fuerte,
por encima de todos los huesos,
para seguir luchando.
Cuando el tiempo me llame,
estaré ahí, vivo.

Antonio Pérez

martes, 13 de septiembre de 2011

MI MUJER Y YO


Ferviente es la tarde de nubes enmohecidas
verde el galán de alcoba que sostiene mi alma almidonada
efluvios de congojas que parten
ateridas por el frío del semblante de tu pechera

Pedazos del ocaso vertidos
en el cuscurreante deslizar de mi mano seca
empapan momentos de rabia contenida
esperando la humedad de un beso

El crujir de las enaguas aviva los rescoldos
centellean ya en el pozo de los anhelos
¡Ánimas sin rostro!
Trepan arañando los filos de mis entrañas
y despiertan mariposas de entre las rocas
pintando el vacío oscuro y tenebroso.

Trémula carne deshabitada
una maraña de venas recientes
anudan los suspiros del ayer
y raudos instalan el puente hacia tu templo.

Laura López

viernes, 2 de septiembre de 2011

CIUDAD DEL PARAISO de Vicente Aleixandre


Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos.
Colgada del imponente monte, apenas detenida
en tu vertical caída a las ondas azules,
pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas,
intermedia en los aires, como si una mano dichosa
te hubiera retenido, un momento de gloria,
antes de hundirte para siempre en las olas amantes.

Pero tú duras, nunca desciendes, y el mar suspira
o brama por ti, ciudad de mis días alegres,
ciudad madre y blanquísima donde viví, y recuerdo,
angélica ciudad que, más alta que el mar, presides sus espumas.
Calles apenas, leves, musicales. Jardines
donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas.
Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas,
merecen el brillo de la brisa y suspenden
por un instante labios celestiales que cruzan
con destino a las islas remotísimas, mágicas,
que allá en el azul índigo, libertadas, navegan.
Allí también viví, allí, ciudad graciosa, ciudad honda.
Allí donde los jóvenes resbalan sobre la piedra amable,
y donde las rutilantes paredes besan siempre
a quienes siempre cruzan, hervidores de brillos.
Allí fui conducido por una mano materna.
Acaso de una reja florida una guitarra triste
cantaba la súbita canción suspendida del tiempo;
quieta la noche, más quieto el amante,
bajo la lucha eterna que instantánea transcurre.
Un soplo de eternidad pudo destruirte,
ciudad prodigiosa, momento que en la mente de un dios emergiste.
Los hombres por un sueño vivieron, no vivieron,
eternamente fúlgidos como un soplo divino.
Jardines, flores. Mar alentado como un brazo que anhela
a la ciudad voladora entre monte y abismo,
blanca en los aires, con calidad de pájaro suspenso
que nunca arriba. ¡Oh ciudad no en la tierra!
Por aquella mano materna fui llevado ligero
por tus calles ingrávidas. Pie desnudo en el día.
Pie desnudo en la noche. Luna grande. Sol puro.
Allí el cielo eras tú, ciudad que en él morabas.
Ciudad que en él volabas con tus alas abiertas

jueves, 11 de agosto de 2011

REHENES DE OTRO MUNDO


En el crisol de las pasiones
funden palabras ávidas del deseo
y entremezcladas con los cuerpos
miran de soslayo los tiempos ya pasados.

En la bruma asciende el oleaje
salpicaduras de un fervor salado
precipitan la carne al naufragio
¡Ciudad sin nombre!
¡Miradas de hiel!

Las pupilas arrancadas de sus ojos
son ensartadas con el hilo de la piedad
¡Braman con violencia la vida
en la mirada del huracán!

Sus lenguas anudadas
a las manecillas de los relojes
retuercen en cada oscilación del péndulo
los llantos ahogados de sus hijos.

Rehenes de un mundo acompasado
con la respiración de los difuntos
vierten las chispas desprendidas
de la fragua de la libertad
en el silencio de los pesares.

En el trueque de la calavera
emanan haces de luz
por entre las cuencas
¡A mí las tinieblas!

En el cerco del abismo
los huesos tintinean al son
de los lamentos de los juglares
¡astillados, desechos!

Y si asaltara un viento perfumado
desmenuzados, hechos cenizas
¡Dispersaos!

Que no dé cuenta nadie
que alguna vez alguien pudo tocaros
¡Que no dé cuenta nadie!
que unos ramilletes de narcisos
en vuestra boca anidaron.

LAURA LÓPEZ

jueves, 4 de agosto de 2011

POEMA 47 DE "LA MUJER Y YO" DE MIGUEL OSCAR MENASSA


A medida que me acerco a los setenta años
comprendo con lujuria que estoy un poco solo.
Los jóvenes que crecen todo el tiempo
y los adultos que tienen problemas de dinero
y las bellas mujeres que vivirán al lado mío,
hasta que la muerte, en verdad, nos separe,
están muy ocupadas con sus cosas
con su propia vejez que se les viene encima
sin prisa pero sin ningún recato.
Así que te lo digo, a los setenta años,
conseguiré quedarme solo,
sin lazos de amor y de dolor,
solo, atado al mundo que me toca vivir
por palabras, por versos, algo de música
algún color desesperado con luz propia.
Pensando así, la verdad, amor mío
¿a quién no le gustaría envejecer?
A mí, me dijo ella, a mí
no me gustaría envejecer ni sola
ni mal acompañada y ya más de mil veces,
te dije, amado mío, que envejecen las plantas,
los muebles, el pavimento, las armas de guerra
pero la mujer, el sexo y la alegría no envejecen.
La sentí tan segura que llegué a pensar
que ella, de alguna manera, me decía:
Podrán envejecer hasta tus versos
pero nuestro amor, querido, no envejecerá,
aquí estoy yo, para sostenerlo,
y era tan hermosa cuando lo decía
que yo la vi diosa y desnuda,
desnuda y valiente toda para mí
y ahí fue cuando no tuve
miedo de envejecer o de morir.
Ella me habló del mar y yo lo entendí todo:
su carne esplendorosa sería la guarida
de mi vida carnal y mi palabra
y su carne, sin límites, del deseo,
la pulsión desmedida de mi canto,
será tumba de amor para mis huesos.
Palabra contra piedra, piedra contra palabra
se escribirá una historia, tal vez, de amor.
Hoy dos amantes mueren y, a la vez,
perduran en un verso de amor
donde la muerte atada por palabras
unidas entre sí al sol,
ocupada, con alguna inocencia,
de sus cosas, nos dejará
vivir un día más, un amor más,
nos dejará terminar este poema.
Y, después, dijo ella resignada,
la muerte perseguirá a los amantes
hasta alcanzarlos y algo les dirá,
algo les dirá, repitió ella, interrogándome.
Bueno, le dije yo, tranquilizándola,
si se tratara de nosotros dos
la muerte no diría nada.
Se quedaría enmudecida, pálida de dolor,
por tener que matar tanta hermosura.
Pero algún día, igual, lo hará
insistió ella, terca y ensombrecida
y yo, macho y cantor,
sin darme cuenta de mis años
le dije toda la verdad:
Tenemos como cien años, amor mío,
algún día vendrá

jueves, 23 de junio de 2011

ITACA de Konstandinos Kavafis


Cuando partas hacia Itaca
pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y conocimiento.
A Lestrigones, Cíclopes
y furioso Poseidón no temas,
en tu camino no los encontrarás
mientras en alto mantengas tu pensamiento,
mientras una extraña sensación
invada tu espíritu y tu cuerpo.

A Lestrigones, Cíclopes
y fiero Poseidón no encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si no es tu alma que ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que muchas mañanas de verano hayan en tu ruta
cuando con placer, con alegría
arribes a puertos nunca vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finos objetos:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
sensuales perfumes, -tantos como puedas-
y visita numerosas ciudades egipcias
para aprender de sus sabios.
Lleva a Itaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Itaca te recompense.

A Itaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Itaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Itacas.

lunes, 6 de junio de 2011

UNA CARROÑA de Charles Baudelaire


Recuerdas el objeto que vimos, mi alma,
Aquella hermosa mañana de estío tan apacible;
A la vuelta de un sendero, una carroña infame
Sobre un lecho sembrado de guijarros,

Las piernas al aire, como una hembra lúbrica,
Ardiente y exudando los venenos,
Abría de una manera despreocupada y cínica
Su vientre lleno de exhalaciones.

El sol dardeaba sobre aquella podredumbre,
Como si fuera a cocerla a punto,
Y restituir centuplicado a la gran Natura,
Todo cuanto ella había juntado;

Y el cielo contemplaba la osamenta soberbia
Como una flor expandirse.
La pestilencia era tan fuerte, que sobre la hierba
Tú creíste desvanecerte.

Las moscas bordoneaban sobre ese vientre podrido,
Del que salían negros batallones
De larvas, que corrían cual un espeso líquido
A lo largo de aquellos vivientes harapos.

Todo aquello descendía, subía como una marea,
O se volcaba centelleando;
Hubiérase dicho que el cuerpo,
inflado por un soplo indefinido,
Vivía multiplicándose.

Y este mundo producía una extraña música,
Como el agua corriente y el viento,
O el grano que un cosechador con movimiento rítmico,
Agita y revuelve en su harnero.

Las formas se borraron y no fueron sino un sueño,
Un esbozo lento en concretarse,
Sobre la tela olvidada, y que el artista acaba
Solamente para el recuerdo.

Detrás de las rocas una perra inquieta
Nos vigilaba con mirada airada,
Espiando el momento de recuperar del esqueleto
El trozo que ella había aflojado.

—Y sin embargo, tú serás semejante a esa basura,
A esa horrible infección,
Estrella de mis ojos, sol de mi natura,
¡Tú, mi ángel y mi pasión!

¡Sí! así estarás, oh reina de las gracias,
Después de los últimos sacramentos,
Cuando vayas, bajo la hierba y las floraciones crasas,
A enmollecerte entre las osamentas.

¡Entonces, ¡oh mi belleza! Dile a la gusanera
Que te consumirán los besos,
Que yo he conservado la forma y la esencia divina
De mis amores descompuestos!

jueves, 5 de mayo de 2011

ROMANCE DE LA PENA NEGRA


Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

*
Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

martes, 1 de marzo de 2011

Si mi voz muriera en tierra... de Rafael Alberti


Si mi voz muriera en tierra

llevadla al nivel del mar

y dejadla en la ribera.

Llevadla al nivel del mar

y nombradla capitana

de un blanco bajel de guerra.

Oh mi voz condecorada

con la insignia marinera:

sobre el corazón un ancla

y sobre el ancla una estrella

y sobre la estrella el viento

y sobre el viento una vela!

domingo, 6 de febrero de 2011

PRÓXIMO DOMINGO 13 DE FEBRERO A LAS 20:00 EN C/ESPERANTO Nº 9,2º D,MÁLAGA RECITAL DE LITERATURA Y POESÍA ERÓTICO


Como adelanto este texto de Antonio Pérez y Laura López realizado en el taller de escritura:
"EL RECITAL"

Aburrido, aburrido, aburrido, ... miro con desgana la página de actividades culturales que iban a tener lugar aquella tarde de domingo. Todas me parecían muy típicas o muy aburridas. De repente, hay una que llama poderoasamente mi atención, "Un recital de literatura erótica"; tras una leve sonrisa se enconden todas mis esperanzas de pasar una tarde diferente.

Llego cinco minutos antes, recojo un programa con el resto de actividades programadas y me busco un asiento en la parte trasera del auditorio.

Cuando termino de leer, levanto la vista y me distraigo observando al resto de los asistentes: mujer madura, anciano, chica con minifalda y tatuaje en el cogote...
"Interesante" pienso para mí. Me centro en la chica con minifalda, lleva el pelo recogido para que se le vea el tatuaje, formado por unas letras chinas, ¿qué significará? seguro que tía buena o algo parecido. De repente se vuelve y contemplo con asombro que la minifalda se completa con una camiseta de generosísimo escote. Sus pechos son grandes y, a pesar de llevar sujetador, se le marcan los pezones. Siento que la bragueta me aprieta. "Jolines y eso que aún no ha empezado el recital...".

Por un segundo se cruzan nuestras miradas. Mi cara debe ser un poema, ya que tras contemplar mi rostro, la desconocida no puede evitar esbozar una sonrisa. Baja la mirada lo justo para ver el grado de hinchazón que tiene mi polla, mi pobre polla aprisionada en mi pantalón vaquero. Tras mirar la inflamación vuelve a mirarme a los ojos y tras aumentar el tamaño de la sonrisa deja que su lengua salga lo justo para mostrarme un reliciente piercing.
Y comienza el recital.¡Ay! Esas sugerentes frases jamás oídas en todo su erotismo en los labios de otra persona...La penumbra aquí, en la última fila, será mi cómplice.¡Qué perfume acaricia mis narices ávidas de ese olor tan dulzón! Se suelta los cabellos...su pelo se enreda en mi polla y las palabras hacen el resto... Me la sacaré aquí mismo, sí, mi abrigo será el aliado de la penumbra. Unos cuantos movimientos y emanará una lluvia de placer contenido. Nadie dará cuenta de ello, si lo acallo con un absorto semblante. ¿Y si advirtiera mi auténtica labor?¿Qué pensará de mí? Seré sincero, ni obsceno, ni titubeante: ¡Sí, me estoy masturbando para ti, por ti, te lo dedico, tú que has desatadado esta pasión oculta en mi entrepierna!
- Disculpa, el recital ha terminado - una voz cálida me invitaba a salir.
Con torpeza, me levanté, aturdido, sin darme cuenta que asomaba por el balcón de mis pensamientos la prueba que me delataba...

viernes, 21 de enero de 2011

Fragmentos del relato EL VISITANTE(1935)de DYLAN THOMAS


"Las manos le pesaban, aunque toda la noche las había tenido posadas sobre las sábanas y no las había movido más que para llevárselas a la boca y al alborotado corazón. Las venas, insalubres, torrentes azules, se precipitaban hacia un blanco
mar. A su lado una taza desportillada despedía un vaho de leche. Olfateó la mañana
y supo entonces que los gallos volvían a asomar las crestas y cacareaban al Sol.
¿Qué eran aquellas sábanas que le envolvían sino un sudario? ¿Y qué era aquel fatigoso tictac del reloj, situado entre los retratos de su madre y su difunta esposa,sino la voz de un viejo enemigo? El tiempo era lo suficientemente generoso como para dejar que el Sol llegara a la cama y lo bastante misericorde como para
arrancárselo por sorpresa cuando se cernía la noche y más necesitado estaba él de
luz roja y claro calor."

"...Y mientras hablaba, la forma que el corazón de Peter había tenido en el tiempo de la carne tangible sentía sobre sí la llamada del terror, y una vida estallaba dentro de cada piedra a modo de cuerpos de niño nacidos en mil úteros. Los arroyos volvieron a correr y la luz de la Luna brillaba con un nuevo esplendor sobre el valle magnificando las sombras en torno y haciendo salir a los topos de sus invernales escondrijos, y arrojándolos a la media noche inmortal del mundo."

"...Rhiana, con la garganta desnuda y dulce, entró en la habitación.
–Rhiana –dijo–, dame la mano.
Ella no le oyó. Se quedó junto a la cama y le miró con infinito dolor.
–Dame la mano –dijo.
Y poco después:
–¿Por qué me echas la sábana encima de la cara?"


BREVES APUNTES BIOGRÁFICOS
Dylan Marlais Thomas (Swansea, Gales, 27 de octubre de 1914 – † Nueva York,9 de noviembre de 1953) fue un poeta, escritor de cuentos y dramaturgo galés.
Si hay que hablar de figuras poéticas que reverdecieron la literatura inglesa de la primera mitad del siglo XX, hay que remitirse obligadamente a la figura de Dylan Thomas (1914-1953). Famoso por ser un bohemio y un borracho redomado, famoso también por su vozarrón cautivante, que atraía, cual cantante juvenil, a cientos de personas a sus recitales poéticos.
Tras terminar su educación secundaria, Thomas emigró a Londres con el deseo ferviente de publicar sus poemas.Ya antes había dejado la escuela para convertirse, a instancias de su padre, en periodista del South Wales Evening Post. Entre sus obras se encuentran El Visitante y Otras historias y Poesía Completa. Murió víctima de una hemorragia cerebral que le quitó la vida, conclusión fatal a tantos años de alcoholismo desenfrenado.