lunes, 7 de octubre de 2013

LA PALOMA DE FRIDA


- Mamá, otra vez está la paloma en la ventana. Se posa cada día en el alféizar y a veces, creyera que me hablara. Si no fuese porque ahora no puedo andar me levantaría y volaría junto a ella...como antes.
- No estés triste amor... Cuando queremos ser escuchados, cuando tenemos algo que decir, parece que todo el universo teje su milagro para que las palabras sean una pierna, unas manos, unas alas con las que volar hacia otros lugares... Así que aquí te dejo un libro, volveré en cuanto termine en la oficina, antes de comer – salió con el rostro azorado por la pena. Siempre había sido una chica alegre...pero ahora, después del accidente, su voz a duras penas se dejaba oír por la casa. Sus profundos ojos reflejaban un mar de oscuros pensamientos, una vidriera de deseos sumergidos en un choque frontal.
Se refugió en la portada, acariciando la suave pasta plastificada, divagando entre las letras del título, colgando los acentos, los puntos y las comas en sus manos hasta quitarles el sentido a las frases...como a su vida.
- “Pies para qué os quiero si tengo alas para volar”
- ¿Qué?
- “Pies para qué os quiero si tengo alas para volar”
- Eso ya lo escuché pero ¿qué demonios hace una paloma hablando?- la chica estaba tan sorprendida que dejó caer el libro y ¡zas!¡todas las letras cayeron por el suelo de la habitación! Desparramadas por aquí y por allá comenzaban a levantarse corrían en todas las direcciones, chocaban, reían y algunas hasta se agarraban a modo de amantes. Se montaban encima de otras como copulando, ¡menuda orgía se montó!comenzaron a multiplicarse en cuestión de segundos, se encaramaron por las sábanas y comenzaron a pegar saltitos en dirección a Marta. Al principio, le producían cosquillas, pero luego comenzaron a hurgar y a hurgar en la herida de su pie amputado, causándole una extraña sensación. ¿Pero qué estaba pasando? ¿Acaso se había vuelto loca? Palomas que le hablaban, letras que cobraban vida... ¿qué era todo eso? Llegó a pensar que tal vez su madre le había echado algún tipo de medicación en el café...pero eso no importaba ahora...fuese lo que fuese ¡parecía tan real!
La paloma, que se había posado en su hombro, cogió el libro con el pico, comenzó a repiquetear encima de la portada y de las hojas y se desgarró ante sí el velo blanco que cubría el epitelio del mundo mostrándose un paisaje plagado de pinturas de Frida Khalo ¡pero con el rostro de Marta! Marta comenzó a vomitar las letras que poco a poco habían ido penetrando por su cuerpo. Ríos de frases y sentidos, comas, puntos finales, conformaban el paisaje que se creaba casi al ritmo del repiquetear de la paloma. Su pie hecho de letras volvía a estar en su sitio ¡y ahora volaba!las alas eran dos emes gigantescas que se le posaron en los hombros y la alzaron para tocar un rayo de luz que dos eles (¡arsa!) dibujaban a la salida de la ventana.
- Prometí esperar alegre la salida y esperaba no volver jamás, pero estoy aquí,soy Frida,Frida Kahlo la paloma que se casó con el elefante, como me llamaron cuando me casé con Diego Vereda, mi barrigón querido. Pinté tantos autorretratos porque estaba sola a menudo y soy la persona que conozco mejor. Yo también tuve, como tú un accidente, un tranvía chocó contra el autobús en el que viajaba a la salida del colegio. Los dolores arañaban mi cuerpo cada día, formaban parte de mi vida pero ahora me doy cuenta que he sido afortunada, nada me ha sido fácil. Me has llamado, me creaste con la sombra de tu mano cada noche, a la luz de la lamparita y de tus libros, haciendo formas con tus dedos, acertaste la de la paloma, le hiciste un guiño a la vida...Convertir algo penoso en un lugar para la creación, para mostrar al mundo que no hay límites ni fronteras para el deseo, es la única forma de vivir. Me equivoqué cuando dije que mis cuadros no significaban nada salvo para mí, ahora son la liberación de los cuerpos, de la inhibición de la vida, la bandera izada hacia la humanidad. - Dicho esto, la miró a los ojos apartando los nubarrones que azotaban el rostro de la chica empapándolo y reblandeciéndolo. Su frente se ensanchaba mientras una reguera de hormigas, a modo de pelitos comenzaron a adornar su dulce semblante. Su característica uniceja ya estaba formada, cobrando vida y alzando a Marta con su horizonte en la profundidad de su obra “Árbol de la Esperanza, mantente firme”. Arrancaron el sol que se alimentaba de la sangre humana de los sacrificios y alcanzaron la luna, símbolo de lo femenino. Rodaron con la camilla, con las alas de la alegría, del deseo y deslizaron el vestido por su piel, pequeño puente enamorado entre su mundo y el de su fantasía.
En la torpeza del momento rodaron por entre las grietas de la tierra y cayeron en la obra “El sueño (la cama)” y bailaron con el esqueleto de papel maché en el dosel del lecho a modo de burla y se elevaron hasta las nubes empujadas por las enredaderas que dibujaban la colcha y así, en un renacer de la vida, Marta despertó con esta frase de Frida, achurretada y espesa, pegada a la boca: “Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”
Y a partir de ese día prefirió no cuestionarse si fue un delirio, un sueño y no dejar sediento al árbol que daba sol. Ese fue su comienzo de vida. A lo Frida Khalo, mandó la llevaran al centro de rehabilitación, no ya en una cama de edredones bordados sino en una camilla ¡con un esqueleto de vivos colores pintado en una pegatina! Cuando llegó a la planta había un niña sentada en una silla de ruedas, con las piernas torcidas, deformadas, que jugaba con las manos haciendo sombras en la pared. A Marta le pareció que una paloma renacía y posándose en su alma, en sus pies, en sus manos, su deseo cobró vida. Se acercó a la niña y le dijo “Te envolverá una pasión desmedida, las llamas del amor serán inmensas...porque todos, somos Frida”
Laura López

viernes, 27 de septiembre de 2013

HORIZONTAL SÍ, TE QUIERO de Enrique Molina




Horizontal, sí, te quiero.
Mírale la cara al cielo,
de cara. Déjate ya
de fingir un equilibrio
donde lloramos tú y yo.
Ríndete
a la gran verdad final,
a lo que has de ser conmigo,
tendida ya, paralela,
en la muerte o en el beso.
Horizontal es la noche
en el mar, gran masa trémula
sobre la tierra acostada,
vencida sobre la playa.
El estar de pie, mentira:
sólo correr o tenderse.
Y lo que tú y yo queremos
y el día –ya tan cansado
de estar con su luz, derecho-
es que nos llegue, viviendo
y con temblor de morir,
en lo más alto del beso,
ese quedarse rendidos
por clamor más ingrávido,
al peso de ser de tierra,
materia, carne de vida.
En la noche y la trasnoche,
y el amor y el trasamor,
ya cambiados
en horizontes finales,
tú y yo, de nosotros mismos.

sábado, 15 de junio de 2013

HISTORIA DEL OJO de Georges Bataille


Crecí muy solo y desde que tengo memoria sentí angustia frente a
todo lo sexual. Tenía cerca de 16 años cuando en la playa de X encontré
a una joven de mi edad, Simona. Nuestras relaciones se precipitaron
porque nuestras familias guardaban un parentesco lejano. Tres días
después de habernos conocido, Simona y yo nos encontramos solos en
su quinta. Vestía un delantal negro con cuello blanco almidonado.
Comencé a advertir que compartía conmigo la ansiedad que me
producía verla, ansiedad mucho mayor ese día porque intuía que se
encontraba completamente desnuda bajo su delantal.
Llevaba medias de seda negra que le subían por encima de las rodi-
llas; pero aún no había podido verle el culo (este nombre que Simona y
yo empleamos siempre, es para mí el más hermoso de los nombres del
sexo). Tenía la impresión de que si apartaba ligeramente su delantal
por atrás, vería sus partes impúdicas sin ningún reparo.
En el rincón de un corredor había un plato con leche para el gato:
“Los platos están hechos para sentarse”, me dijo Simona. “¿Apuestas a
que me siento en el plato?” —”Apuesto a que no te atreves”, le respon-
dí, casi sin aliento.
Hacia muchísimo calor. Simona colocó el plato sobre un pequeño
banco, se instaló delante de mí y, sin separar sus ojos de los míos, se
sentó sobre él sin que yo pudiera ver cómo empapaba sus nalgas
ardientes en la leche fresca. Me quedé delante de ella, inmóvil; la
sangre subía a mi cabeza y mientras ella fijaba la vista en mi verga que,
erecta, distendía mis pantalones, yo temblaba.
Me acosté a sus pies sin que ella se moviese y por primera vez vi su
carne “rosa y negra” que se refrescaba en la leche blanca. Permaneci-
mos largo tiempo sin movernos, tan conmovidos el uno como el otro.
De repente se levantó y vi escurrir la leche a lo largo de sus piernas,
sobre las medias. Se enjugó con un pañuelo, pausadamente, dejando
alzado el pie, apoyado en el banco, por encima de mi cabeza y yo me
froté vigorosamente la verga sobre la ropa, agitándome amorosamente
por el suelo. El orgasmo nos llegó casi en el mismo instante sin que nos
hubiésemos tocado; pero cuando su madre regresó, aproveché, mien-
tras yo permanecía sentado y ella se echaba tiernamente en sus brazos,
para levantarle por atrás el delantal sin que nadie lo notase y poner mi
mano en su culo, entre sus dos ardientes muslos.
Regresé corriendo a mi casa, ávido de masturbarme de nuevo; y al
día siguiente por la noche estaba tan ojeroso que Simona, después de
haberme contemplado largo rato, escondió la cabeza en mi espalda y
me dijo seriamente “no quiero que te masturbes sin mí”.

sábado, 13 de abril de 2013

NO TE DETENGAS NUNCA de Pedro Salinas

 
No te detengas nunca
cuando quieras buscarme.
Si ves muros de agua,
anchos fosos de aire,
setos de piedra o tiempo,
guardia de voces, pasa.
Te espero con un ser
que no espera a los otros:
en donde yo te espero
sólo tú cabes. Nadie
puede encontrarse
allí conmigo sino
el cuerpo que te lleva,
como un milagro, en vilo.
Intacto, inajenable,
un gran espacio blanco,
azul, en mí, no acepta
más que los vuelos tuyos,
los pasos de tus pies;
no se verán en él
otras huellas jamás.
Si alguna vez me miras
como preso encerrado,
detrás de puertas,
entre cosas ajenas,
piensa en las torres altas,
en las trémulas cimas
del árbol, arraigado.
las almas de las piedras
que abajo están sirviendo
aguardan en la punta
última de la torre.
Y ellos, pájaros, nubes,
no se engañan: dejando
que por abajo pisen
los hombres y los días,
se van arriba,
a la cima del árbol
al tope de la torre,
seguros de que allí,
en las fronteras últimas
de su ser terrenal
es donde se consuman
los amores alegres,
las solitarias citas
de la carne y las alas.

sábado, 16 de marzo de 2013

¡AZOTADME! de Oliverio Girondo




¡Azotadme!


Aquí estoy,

¡azotadme!

Merezco que me azoten.

No lamí la rompiente,

la sombra de las vacas,

las espinas,

la lluvia;

con fervor,

durante años;

descalzo,

estremecido,

absorto,

iluminado.

No me postré ante el barro,

ante el misterio intacto

del polen,

de la cama,

del gusano,

del pasto;

por timidez,

por miedo,

por pudor,

por cansancio.

No adoré los pesebres,

las ventanas heridas,

los ojos de los burros,

los manzanos,

el alba;

sin restricción,

de hinojos,

entregado,

desnudo,

con los poros erectos,

con los brazos al viento,

delirante,

sombrío;

en comunión de espanto,

de humildad,

de ignorancia,

como hubiera deseado...

¡como hubiera deseado!

viernes, 8 de marzo de 2013

LA LOBA de Alfonsina Storni



A la memoria de mi desdichada amiga J.C.P.
porque éste fue su verbo.
Yo soy como la loba.
Quebré con el rebaño
Y me fui a la montaña
Fatigada del llano.

Yo tengo un hijo fruto del amor, de amor sin ley,
que yo no pude ser como las otras, casta de buey
con yugo al cuello. ¡Libre se eleve mi cabeza!
Yo quiero con mis manos apartar la maleza.

Mirad cómo se ríen y cómo me señalan
porque lo digo así: (las ovejitas balan
porque ven que una loba ha entrado en el corral
y saben que las lobas vienen del matorral).

¡Pobrecitas y mansas ovejas del rebaño!
No temáis a la loba, ella no os hará daño.
Pero tampoco riáis, que sus dientes son finos
y en el bosque aprendieron sus manejos felinos!

No os robará la loba al pastor, no os inquietéis;
yo sé que alguien lo dijo y vosotras lo creéis
pero sin fundamento, que no sabe robar
esa loba; ¡sus dientes son armas de matar!

Ha entrado en el corral porque sí, porque gusta
de ver cómo al llegar el rebaño se asusta,
y cómo disimula con risas su temor
bosquejando en el gesto un extraño escozor...

¡Id si acaso podéis frente a frente a la loba
y robadle el cachorro! No vayáis en la boba
conjunción de un rebaño ni llevéis un pastor...
¡Id solas! ¡Fuerza a fuerza oponed el valor!

Ovejitas, mostradme los dientes. ¡Qué pequeños!
No podréis, pobrecitas, caminar sin los dueños
por la montaña abrupta, que si el tigre os acecha
no sabréis defenderos, moriréis en la brecha.

Yo soy como la loba. Ando sola y me río
del rebaño. El sustento me lo gano y es mío
donde quiera que sea, que yo tengo una mano
que sabe trabajar y un cerebro que es sano.

La que pueda seguirme que se venga conmigo.
Pero yo estoy de pie, de frente al enemigo,
la vida, y no temo su arrebato fatal
porque tengo en la mano siempre pronto un puñal.

El hijo y después yo y después... ¡lo que sea!
aquello que me llame más pronto a la pelea.
A veces la ilusión de un capullo de amor
que yo sé malograr antes que se haga flor.


Yo soy como la loba.
Quebré con el rebaño
Y me fui a la montaña
Fatigada del llano.

lunes, 28 de enero de 2013

AROMAS de Baldomero Fernández Moreno



Cuando regreso a casa no me lavo las manos
si es que he estado contigo un instante no más,
el aroma retengo que tú dejas en ellas
como una joya vaga o una flor ideal.

Por aquí huelo a rosas y por allá a jazmines,
alientos de tus ropas, auras de tu beldad,
aproximo una silla y me siento a la mesa
y sabe a ti y a trigo el bocado de pan.

Y todo el mundo ignora por qué huelo mis manos
o las miro a menudo con tanta suavidad,
o las alzo a la luna bajo las arboledas
como si fueran dignas de hundirse en tu cristal.

Y así hasta media noche cuando vuelvo rendido
pegado a las fachadas y me voy a acostar,
entonces tengo envidia del agua que las lava
y que, con tu perfume, da un suspiro y se va.