AFUERAS PERIÓDICAS, de Juan Larrea





Donde están los invernantes provistos de largos éxtasis
que intercalaban mutuos fuegos manuales
entre las hojas perdonables del poniente.
Tu silueta forma parte de las precauciones frívolas
del equinoccio
y el viento acorta la distancia entre tus miembros.
Yo siento que un anciano me olvida hacia este lado
Pero ese ruido hecho a semejanza
del animal que muere en el cepo de tus párpados
de dónde viene.
¿Es el árbol del contorno que predica con el ejemplo
o mi alma que se amontona?
Por su propio peso la tristeza baja los grados de la escala social
entre los gritos profesionales del horizonte
cubierto de aves en el seno de la confianza
y que como la campana que cambia una moneda matinal
se hace digno de toda alabanza.

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