Gringuita mía de ojos marinos,
cara de sol.
Tú eres la estrella que arde en mis manos
yo soy carbón.
Pero te quiero
como tu madre mi niña-flor.
Tú no desprecias mi vieja raza.
Yo no aborrezco la tuya. No.
¿Cuándo han de verse negros y blancos,
así abrazados, como tú y yo…?
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