LAS SEÑALES, de Thelma Nava




¿Acaso era necesario decir que las señales del amor
eran tan evidentes
como el sello que llevaba en la frente el acusado,
como la ola invisible lamiendo el ala de nuestro
corazón?
¿Acaso necesitábamos preguntarnos qué era lo que
nos acercaba y nos hacía rechazarnos,
serpientes agonizando en nuestro propio laberinto?
Todo nacía de madrugada, con la avidez del que
espera uno y otro día
en silencio la partida, la ruptura del círculo,
el imposible beso de la figura de barro que nos llama.
Todo nacía en verano, donde la realidad y el sueño
se confunden
cogidos de la mano del absurdo, de lo que no es
jamás regreso,
de la siempre partida hacia otra parte.
Día que aguardas el silencio de la luz construyéndote
y llegas atónito ante las puertas que te fueron
negadas.

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