INTEGRACIÓN DE ELEMENTO PATERNO, de EUNICE ODIO





I

Y se dice que el objeto terrestre,
fundado en un suceso de palabra total,
vertebralmente se mueve resbalando sin fin,
fluyendo en cantidades de sombra hacia la luz,
hasta que una palabra del tamaño del aire lo detiene.

II

Y acampa un poco de tierra. No es que acampe,
es que establece su vértice pomposo,
integérrimo;
que se tornó en secreta caída tutelar.
en su labrado sueño persevera,
avanza por su ojo coronándose,
y claramente posa su borde natural,
para sellar la enunciación del trigo.
(Después no se ha sabido
cómo ascendió a la lengua en figura de trigo,
cuando pudo ser ala y vivir dulcemente.)

III

Pero entre tanto,
y mientras el azúcar se alza con sus cuatro costados preferidos,
un anticipo de aire, un soplo de oro insipiente,
le abre el color desde la nieve al trino.
De masa en masa,
hálito combativo la acompaña por todo su dominio,
de una especie a otra,
de una especie, al origen translúcido de su orden,
de la flor a su causa intransferible, según la cual,
la rosa,
sólo cabe en su diandro sonido,
en cuyo alto transcurso un pétalo se anuncia
con voluntad de seda vigilante,
callada y contenida de cerca por el polvo,
ornada y bien parida de lejos por el aire.
¡Oh causa intransferible de la rosa!
Según la cual, la rosa, sólo cabe en la rosa que la ciñe,
más que aquella otra que encerraba
la que nadie sabía quién era;
hasta que al fin, de día en día repetida,
secretamente hallada por el labio,
de pronto adivinada en la memoria,
llegó a ser Una,
impredecible,
rosa,
por quien todos preguntan teniéndola de espaldas,
y saben que es la rosa, su criatura,
en cuya piel, por cándido ejercicio,
una abeja cambió su pecho nuevo
por un pecho de ángel.

IV

Acampa un poco de tierra dura, terrestre, elemental,
donde la piedra joven transparece,
y anuda humildemente la pasión que tendrá,
cuando un ojo y un labio la detengan
en la dulce palabra de su nombre.
Es la piedra de todos,
piedra del que la nombre
en el nombre del cuerpo sagrado que le nombro;
se oye caer, pequeña y poseída.
y diga Ion al hombre que lo oía:
piedra mía,
nuestra piedra,
cuya espuma lustral, aquí en mi lengua,
se oye caer, pequeña y poseída.

V

Mas no avanza la tierra,
(qué pálido desorden
para decir el orden pretérito del trueno),
es que se expresa en expansión de árbol,
asciende a tierna curva,
sin mirarla, se alegra de su forma.
gobiernan su criatura serenas longitudes,
en clave de jacinto edificadas.
Cabe ya en varias ramas;
gobiernan su criatura serenas longitudes,
en clave de jacinto edificadas.

VI

Viniendo de su origen
se ha desatado un resplandor incógnito;
inmortal;
y de la umbría alzándolo con húmeda potencia,
para hilarlo en presencia de todos los metales–.
subiendo por sus vías hacia el mármol
desnudo y obediente;
y la inicial de ciervo fragoroso,
aquella, apenas sombra, si florida,
apuntó en hierba y corrigió en balido
la cerval heredad,
áspera y rauda víspera primera,
de astado aceite y vegetal bifronte.
tras de su movimiento le ha nacido
un movimiento
—gracia plena bajando por el oro inmanente
Un movimiento, uno,
un giro más,
rotundo y dividido,

VII

Así, de un poro a otro,
de un arco a otro arco,
se reviste de especies solitarias.

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