FUE LO MISMO, de Juan Ramón Jiménez




Fue lo mismo
que un crepúsculo inmenso de oro alegre,
que, de repente, se apagara todo,
en un nublado de ceniza.
(Me dejó esa tristeza
de los afanes grandes, cuando tienen
que encerrarse en una jaula
de la verdad diaria; ese pesar
de los jardines de colores ideales,
que borra una luz sucia de petróleo.)
Yo no me resignaba.
Le lloré; le obligué. Vi la ridícula
sinrazón de esta cándida hermandad
de hombre y vida,
de muerte y hombre.
¡Y aquí estoy, vivo ridículo, esperando,
muerto ridículo, a la muerte!

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