ADIÓS AL BAILE EN BLANCO Y NEGRO, de Joan Báez





Antes creía que la única alternativa al blanco y negro era el gris.
Para no vivir una vida aburrida,
vestía de blanco y negro,
pensaba en blanco y negro;
y no solo bueno o malo, no,
sino perfecto no fallido
genial o inútil
etéreo o demoníaco
condecorado o
proscrito.
Me burlaba de todo lo ordinario
y huía del término medio…
ya sabes, de la Zona Gris.
Así, dejé que se me fuera media vida.
Sufría ansiedad crónica, era insomne,
depresiva, multifóbica, promiscua,
estaba siempre alerta y, por suerte, tenía mucho talento.
Y unas antenas que detectaban todos los males que me acechaban
para protegerme del peligro mortal de, pongamos,
ir a cenar a un restaurante
o hacer amigos,
ya sabes, la Zona Gris.
Cuando llegué al medio siglo, me arranqué las antenas
y me entregué a un poder superior…
que para entonces podría haber sido
hasta un palillo.
Me zambullí en un mar de recuerdos
y buceé a ciegas, como un tiburón al que han estafado,
hasta lo más profundo de mí;
temía encontrar pústulas de veneno, pero
mi terapeuta sugirió que tal vez hubiera diamantes.
Durante meses, di vueltas y más vueltas,
anotando mis sueños, buscando pistas,
luchando por mi vida y la de mi hijo.
Cuando por fin salí a coger aire
empecé a ver resquicios de color.
Poco a poco, fui entendiendo que mi vida
era sagrada, única,
y que no la cambiaría por otra.
No debería haberme sorprendido descubrir
que lo que vivía dentro de mí era un diamante.
Seguí arrancándome aquellos parásitos tenaces.
Descubrí que la tristeza es un océano,
que la furia es azul, y el dolor, mi compañero,
y que el amor había quedado malparado
pero tenía arreglo,
como un violín gitano
aplastado por una bota nazi.
Necesitaba paciencia y un artesano.
Mis terapeutas se convirtieron en mis artesanos.
Quienes me rodeaban
desenterraron las gemas prometidas
y acunaron mi corazón
en sus manos
mientras yo me desmenuzaba en cientos de partículas,
cientos de almas brillantes
que se iban engarzando en un deslumbrante collar
que absorbía y reflejaba la luz del sol;
todos luchaban para curarme,
para ayudarme a sobrellevar mi salvación y a trascender
a mi supervivencia.

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