LA MUJER AL SOL, de Wallace Stevens




Ocurre solamente que el movimiento y el calor
son como el calor y el movimiento de una mujer.
No es que exista ninguna imagen en el aire
ni el principio o el fin de una forma:
Hay un vacío. Pero la mujer en un oro sin hebras
nos quema con los cepillados de su traje
Y una disociada abundancia de ser,
más categórica por lo que ella es-
porque está desencarnada
llevando los olores de los campos de estío,
confesando el taciturno y aun así indiferente,
invisiblemente claro, único amor.

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