A veces hay un pirado en la calle.
Levanta los pies con cuidado al andar.
Rumia sobre el misterio
de su propio ano.
Mientras el dólar norteamericano se viene abajo
frente al marco alemán
él piensa en Bette Davis y sus antiguas películas.
Es bueno encarrilar el pensamiento hacia cosas
misteriosas y prohibidas.
Si estuviéramos lo bastante locos
como para estar dispuestos a dejar de lado nuestras
percepciones mecánicas y estáticas
sabríamos que una taza de café medio llena
alberga más secretos
que, pongamos por caso,
el Gran Cañón.
A veces hay un pirado andando
por la calle.
Pasa rozándote
camina con un cuervo negro en el hombro
no le preocupan los despertadores ni el
beneplácito.
Sea como fuere, prácticamente todos los demás están cuerdos,
saben las
respuetas a todas las preguntas que no las tienen.
Podemos aparcar los coches
trinchar el pavo con maña y
reírnos de cualquier chiste malo.
Los locos sólo se ríen cuando
no hay razón para
reír.
En nuestro mundo
los cuerdos son demasiados,
demasiado sumisos.
Se nos educa para llevar una vida de pleno aburrimiento.
Da igual lo que hagamos:
follar o comer o jugar o
hablar o escalar montañas o
bañarnos o ir en avión a la India
estamos entumecidos,
tristemente cuerdos.
Cuando veas a un pirado que anda
por la calle
ríndele tributo pero
déjale en paz.
Apártate de su camino.
No hay suerte como esa suerte
nada hay tan perfecto en el mundo
déjale caminar indemne
recuerda que Jesucristo también estaba loco.
Levanta los pies con cuidado al andar.
Rumia sobre el misterio
de su propio ano.
Mientras el dólar norteamericano se viene abajo
frente al marco alemán
él piensa en Bette Davis y sus antiguas películas.
Es bueno encarrilar el pensamiento hacia cosas
misteriosas y prohibidas.
Si estuviéramos lo bastante locos
como para estar dispuestos a dejar de lado nuestras
percepciones mecánicas y estáticas
sabríamos que una taza de café medio llena
alberga más secretos
que, pongamos por caso,
el Gran Cañón.
A veces hay un pirado andando
por la calle.
Pasa rozándote
camina con un cuervo negro en el hombro
no le preocupan los despertadores ni el
beneplácito.
Sea como fuere, prácticamente todos los demás están cuerdos,
saben las
respuetas a todas las preguntas que no las tienen.
Podemos aparcar los coches
trinchar el pavo con maña y
reírnos de cualquier chiste malo.
Los locos sólo se ríen cuando
no hay razón para
reír.
En nuestro mundo
los cuerdos son demasiados,
demasiado sumisos.
Se nos educa para llevar una vida de pleno aburrimiento.
Da igual lo que hagamos:
follar o comer o jugar o
hablar o escalar montañas o
bañarnos o ir en avión a la India
estamos entumecidos,
tristemente cuerdos.
Cuando veas a un pirado que anda
por la calle
ríndele tributo pero
déjale en paz.
Apártate de su camino.
No hay suerte como esa suerte
nada hay tan perfecto en el mundo
déjale caminar indemne
recuerda que Jesucristo también estaba loco.

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