A LA RIBERA AMERICANA, de Virginia Brindis de Salas





Cuántos años vieron mojar mis pies
las aguas salitrosas
que bordan la ribera americana.
La carne de mi cuerpo
bañada en agua hermana,
bautismo de este río
que como mar se ensancha
para buscar en la ribera
de América, su senda ancha.
Cuántos barcos al pasar por el ancón
y por la playa
abrieron, desmesurados,
grandes ojos
y entre el cantar de marineros en su borda
a toda la ribera del itsmo saludaron.
Mi piel quemada, que besar quisieron,
ebria de soles matinales
se ha sumergido mar adentro
saturada de sales
y de encuentros.
Vamos por la ribera
de esta América indígena y mulata
en pos de la vereda
que todo lo mata.
El pecho fuerte y los brazos siempre abiertos;
macho y hembra;
multitud, barcos y puertos;
y una bandera de un solo color
hinchada al viento;
y las gentes en los barcos
a babor y estribor
con sus torsos desnudos
teñidos de sangre por escudo.
Que el pecho inflame
la paz redentora
y diga a todos: id ahora;
que nuestra sangre se derrame
sin demora.
Hijos del suelo americano
blancos y negros hermanados;
tomad mi cuerpo,
gustad el sabor de mi carne morena;
quebrad el espasmo de la gruta del miedo
que vuestra carne encierra!
Sed nuevos prometeos;
venir como Espartaco
que América en su nervio
desata sus canciones
que dicen los deseos
de un mundo amplio, nuevo,
sus nuevas rebeliones!
Quiero posar mi pie moreno
en la ribera de los lares
de América infinita
y verla que del suelo
se levanta
en sus talleres,
sus fábricas,
sus minas
y de un formidable pulmón
de voces femeninas,
que aprieta el fuelle
con manos masculinas,
oír la canción en los caminos y en los muelles,
plena de redención!

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