VEINTE FRASES PARA ABANICOS, de Paul Claudel






Sombra

que me concede

la luna

como una tinta

inmaterial.

*

Acerca tu oído

y escucha

cómo en el fondo

del pecho de un dios

el amor

tarda en apagarse.

*

La peonía

y este rubor

en nosotros

que precede

al pensamiento.

*

Esta noche

llovió vino

lo sé bien

pues no hay

manera

de poner término

al parloteo

de las rosas.

*

Sólo la rosa

es bastante

frágil

para decir

la eternidad.

*

Cierta rosa

es menos un color

que una respiración.

*

Cuando no hay musa

el poeta pesca sin anzuelo

en una taza de sake.

*

La sacerdotisa

del sol

está sentada

en el plato

de una balanza.

*

Veloz

una lágrima

al cruzar

un rayo de sol

desaparece.

*

Escucha

el Emperador Ermitaño

al Imperio

¿Qué pasaría

si la cascada

de pronto

se detuviera?

*

Quien no mira

la azalea

no escuchará

el torrente.

*

Vela

de un pequeño

navío

su cargamento

unas cuantas sílabas.

*

También

el otoño

es algo

que comienza.

*

No son tres palabras

negras sobre

un ala blanca

sino blancas migajas

arrojadas hacia ti

por un ala invisible.

 

*

En la inmóvil

oscuridad

del verdor

el rugido

del púrpura.

*

Callemos:

el menor ruido

basta

para que recomience

el tiempo.

*

Es necesario

que haya en el poema

cierto número

que impide ser contado.

*

Cedro:

me lamento

al pie

de una torre

inaccesible.

*

Arde en mí

una pena

que intenta en vano

convertirse

en palabra.

*

Que el aliento

de este abanico

disperse las palabras

y sólo deje pasar

aquello que conmueve.

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