DOMINGO EN ROMANCILLO, de Yolanda Bedregal




Viene la tarde llorando
como una niña burlada,
le tiemblan en las mejillas
entre sonrisas las lágrimas.
 
Viene la tarde, oro y lluvia,
detrás un montón de celajes
y ninguno ve las lágrimas
tras el brillo de su risa.
 
Hace una ronda la tarde
y extiende sus rayos húmedos
hasta tocar la montaña
con la punta de los dedos.
 
Salen las niñas de cine
y no ven la tarde húmeda
que estuvo colgando lágrimas
en los hilos del telégrafo.
 
Las niñas salen del cine
hasta la clara avenida
y la tarde se columpia
entre montañas y niñas.
 
Lejos del cielo tus ojos
veo en mi súplica mudos
como dos flores menudas
bajo dos gotas de lluvia.

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