“¿Me han usurpado mi tierra?
¿Me han privado de mis derechos,
y me voy a quedar aquí, uncido al exilio,
humillado y desnudo?
¿Me voy a quedar aquí a morir
como un extraño en tierra extraña?
¿Me voy a quedar? ¿Y quién lo ha dicho?
Volveré a la tierra amada.
¡Por supuesto que volveré!
Y allí se cerrará el libro de mi vida.
Se apiadará de mí su tierra generosa
y dará cobijo a mis cenizas.
Regresaré, es necesario que vuelva!
¡Regresaré, como quiera que sean mis desgracias!”
Mas siguió desterrado, observando su tierra
y murmurando: “¡Es necesario que vuelva!”
Mientras, agachaba la cabeza en la tienda,
cerrando el alma a su oscuridad,
cerrando el pecho a su desgracia.
Pero seguía estando ahí, fija, esa idea,
zumbando febril y silenciosa,
hirviendo y ardiendo en su cabeza,
quemando, como el fuego, sus sentidos:
“¡Regresaré, es necesario que vuelva!”

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