AQUÍ EN ESTA ORILLA BLANCA, de Pedro Salinas



Aquí 
en esta orilla blanca 
del lecho donde duermes 
estoy al borde mismo 
de tu sueño. Si diera 
un paso mas, caerla 
en sus ondas, rompiéndolo 
como un cristal. Me sube 
el calor de tu sueño 
hasta el rostro. Tu hálito 
te mide la andadura 
del soñar: va despacio. 
Un soplo alterno, leve 
me entrega ese tesoro 
exactamente: el ritmo 
de tu vivir soñando. 
Miro. Veo la estofa 
de que está hecho tu sueño. 
La tienes sobre el cuerpo 
como coraza ingrávida. 
Te cerca de respeto. 
A tu virgen te vuelves 
toda entera, desnuda, 
cuando te vas al sueño. 
En la orilla se paran 
las ansias y los besos: 
esperan, ya sin prisa, 
a que abriendo los ojos 
renuncies a tu ser 
invulnerable. Busco 
tu sueño. Con mi alma 
doblada sobre ti 
las miradas recorren, 
traslúcida, tu carne 
y apartan dulcemente 
las señas corporales, 
por ver si hallan detrás 
las formas de tu sueño. 
No lo encuentran. Y entonces 
pienso en tu sueño. Quiero 
descifrarlo. Las cifras 
no sirven, no es secreto. 
Es sueño y no misterio. 
Y de pronto, en el alto 
silencio de la noche, 
un soñar mío empieza 
al borde de tu cuerpo; 
en él el tuyo siento. 
Tú dormida, yo en vela, 
hacíamos lo mismo. 
No había que buscar: 
tu sueño era mi sueño.

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