domingo, 29 de noviembre de 2015

LOS FAVORES DE LA LUNA de Charles-Pierre Baudelaire



La Luna que es el mismo capricho, miró por la ventana mientras estabas durmiendo en tu cuna y pensó: “Aquella niña me gusta”.
Y bajó ligera su escalera de nubes y pasó sin hacer ruido a través de los cristales. Luego se tendió sobre ti con el delicado cariño de una madre, y depositó su colorido en tu rostro. Por las niñas de tus ojos han quedado verdes, y tus mejillas extraordinariamente pálidas. Fue al contemplar este visitante cuando tus ojos se agrandaron tanto; y te cogió tan afectuosamente del cuello que, para siempre, te quedaron ganas de echar a llorar.
Sin embargo, en la expansión de tu alegría, la luna llenaba toda la habitación de un ambiente fosfórico, como un veneno luminoso; y toda aquella luz viva pensaba y decía: “Sufrirás eternamente la influencia de mi beso. Serás hermosa a mi manera. Querrás cuanto quiero y cuanto me quiere: el agua, las nubes, el silencio y la noche; el mar verde e inmenso; el agua informe multiforme; el lugar donde no estés; al amante a quien no conocerás, las flores monstruosas; los perfumes que hacen delirar; los gatos que se pasman encima de los pianos y que gimen como mujeres, con voz ronca y dulce.
“Y te querrán mis amantes, te cortejarán mis cortesanos. Serás la reina de los hombres de ojos verdes de quien también apreté el cuello con mis caricias nocturnas; de aquellos que quieran el mar, el mar inmenso, tumultuoso y verde, el agua informe multiforme, el lugar donde no están, a la mujer a la que no conocen, las flores siniestras que parecen los incensarios de una religión desconocida, los perfumes que perturban la voluntad, y los animales salvajes y voluptuosos que simbolizan la locura.”

Por esta razón, querida niña maldita y mimada, ahora estoy tendido a tus pies, buscando en toda tu persona el reflejo de la temible divinidad, de la madrina fatídica, de la envenenadora nodriza de todos los lunáticos.”

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